Descripción
Creo no equivocarme al considerar que, para cualquier amante del cante flamenco, Camarón de la Isla es uno de sus mayores referentes, si no el mayor. Fue ya un mito en vida y lo es aún más después de su muerte.
En este retrato quise captar uno de esos gestos tan característicos del cantaor cuando interpretaba el cante: los ojos apretados y el leve quejío que parece escaparse por la comisura de los labios, al compás de las palmas. Ese instante resume bien la intensidad y la verdad que definían su presencia en el escenario.
Así quise inmortalizar en el lienzo la personalidad irrepetible de este genio del flamenco.





