Descripción
Es uno de los cuadros que yo considero como auténticos autorretratos. Porque yo estoy en él, llegando a esa boya que supone la meta, ese límite del que no está permitido pasar nadando, desde la orilla de mi rincón querido de la Playa de Poniente de la bahía de Benidorm. Allí sólo tengo por testigos al cielo y el mar, y, como invitado habitual, alguna simpática gaviota que parece querer poner la guinda a tan maravilloso panorama.





