Descripción
El 2 de mayo de 2026 se cumplieron treinta años exactos de una tarde que permanece grabada en la memoria de los aficionados: aquella en la que el maestro madrileño José Miguel Arroyo, “Joselito” se encerró en solitario con seis toros en la plaza de Madrid. Con el encargo, por parte del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, del cartel para la tradicional corrida goyesca del 2 de mayo en la Plaza de Toros de Las Ventas, y la libertad que me dispensó su Director Gerente, Miguel Martín, para la realización del mismo, me surgió rápidamente la idea de cuál iba a ser el motivo protagonista de mi lienzo. Quise evocar esa efeméride, pero hacerlo de manera discreta, evitando el camino más evidente de un retrato o de una escena de lidia. Preferí un homenaje más sugerido que explícito, más simbólico que narrativo.
Por ello, el cuadro se centra en la chaquetilla que lució aquel día: verde botella con pasamanería de oro, una prenda de gran fuerza visual que muchos aficionados recordarán inmediatamente. Suspendida sobre el respaldo de una sencilla silla de enea, a la manera más torera, la chaquetilla queda convertida en símbolo de aquella tarde. Quien conozca la historia reconocerá el guiño; quien no, contemplará simplemente una chaquetilla goyesca reposando en el silencio del ruedo.
Aquella jornada fue lluviosa y el cielo permaneció cárdeno durante buena parte de la corrida. De ahí el fondo gris oliva oscuro que domina la escena, evocación de aquel cielo encapotado. Este tono permite que el verde de la chaquetilla destaque con mayor intensidad, sin competir con el oro de sus bordados, y establece además un diálogo armónico con el ocre del ruedo en la parte inferior del cartel, aportando profundidad y un leve tono dramático al conjunto.
Separando ese cielo del ruedo aparece la barrera con sus burladeros, inconfundible referencia a la plaza de Las Ventas. Su presencia ordena la composición y sitúa la escena en un espacio real, sirviendo de transición entre el fondo gris y la arena del ruedo, mientras el rojo apagado de las tablas introduce una discreta tensión cromática.
Sobre el albero, y a modo de anclaje visual en la base del cartel, descansan tres claveles con los colores de la bandera de la Comunidad de Madrid. Sus tallos aparecen unidos por una cinta con los colores de la bandera de España, recordando que fue precisamente Madrid —corazón de España— la ciudad que el heroico 2 de mayo de 1808 cambió el rumbo de nuestra historia. La cinta y los claveles, símbolos de unión y celebración, respectivamente.
El conjunto aparece enmarcado por una moldura dorada simulada, acompañada por una rama rampante de madroño que recorre el lateral del cuadro a modo de guirnalda integradora. El madroño, árbol emblemático de Madrid, añade así una alusión a la ciudad, mientras sus frutos maduros evocan también los colores nacionales.
Con todo ello, el cuadro no pretende narrar una escena concreta, sino evocar una memoria triunfal en esta plaza y, de paso, servir de buen augurio para los tres toreros que protagonizarían este 2 de mayo de 2026.





